martes, 25 de junio de 2013

Emilio Carlos Assales, alias "Tincho" y Conrado Gómez en el testimonio de Emma Ahuali

La caida de la estructura de finanzas de la organización Montoneros comenzó a ser conocida  durante la audiencia del juicio por los crímenes cometidos en la ESMA, a partir de los dichos de una exmilitante cuyo compañero desaparecido fue visto en ese centro clandestino en 1977.

Emma Rene Ahuali, la única exmilitante de Montoneros que sobrevivió a los hechos que rodearon el crimen del poeta y escritor Francisco Paco Urondo en Mendoza, relató cómo su compañero Emilio Carlos Assales, alias "Tincho" y el abogado mendocino Conrado Gómez fueron secuestrados en esta capital, por un grupo de tareas el 11 de enero de 1977.

Según explicó ante el Tribunal Oral 5, Gómez fue secuestrado días antes que su marido, quien al ir a efectuar una consulta en su estudio "cayó en una ratonera" que le tendieron los militares en una oficina de la calle Montevideo.

Ahuali, Assales y la hija de ambos, de tan solo 24 días habían logrado trasladarse desde Mendoza a Buenos Aires en la clandestinidad, y se alojaban en hoteles de pasajeros.
Sus movimientos tenían horarios fijos de encuentro, ante la posibilidad de ser secuestrados.

Testigos del secuestro de Assales dijero que éste fue sacado del edificio donde funcionaba el estudio de Gómez en una camilla "como si le hubieran aplicado Pentonaval" y trasladado en una ambulancia "sin patentes".
"Cuando 'Tincho' desaparece tenía 29 años. Nunca tuve noticias de él hasta que las tres mujeres que salen de la ESMA, Sara Osatinsky, Ana María Martí y Maria Alicia de Pirles denunciaron en Europa lo que ocurría en la ESMA", señaló.

Assali fue incluido en uno de los llamados "vuelos de la muerte" en los que los prisioneros eran arrojados vivos al mar previa aplicación de una inyección de Pentotal, que los represores de la ESMA había rebautizado como "Pentonaval".

La situación fortuita que a Assali no le hubiera surtido efecto y su gran contextura física hicieron que estando a bordo de uno de los aviones, salvara su vida y lo regresaran a la ESMA.

"Te salvaste, ahora te necesitan más en Mendoza", le habría dicho a Assali uno de los más temidos guardias de la ESMA, Pedro Bolita.

A su regreso, y después de dormir durante dos días, el prisionero dio detalles a sus compañeros de cautiverio acerca de en qué consistían los "vuelos de la muerte" o "traslados" y éstas los denunciaron luego en los organismos internacionales en Europa y la OEA.

Respecto de ese hecho, la mujer presume que su compañero pudo haber brindado bajo tortura datos acerca de "algunos lugares que él conocía", pero nunca tuvo más información sobre su destino final.

La testigo dijo haber conocido a "Tincho" en la casa de Victorio Cerrutti, propietario de la finca "Chacras de Coria", que fue apropiada durante su cautiverio por el ex jefe de la Armada, Emilio Massera.

Ahuali confirmó que en la casa de Cerrutti se llevaban a cabo reuniones de la Juventud Peronista, en tanto, ante una consulta, ratificó que tanto Gómez como su compañero formaban parte de la estructura de finanzas de Montoneros.

También brindó información acerca de los secuestros de Alicia Zunino, Mario Concurat y Claudia Urondo, en distintos operativos en los que los miembros del grupo de tareas de la ESMA apuntaron a la estructura económica de la organización subversiva.
"Nos reuníamos con los compañeros y nos enterábamos de las barbaridades y de las torturas a las que eran sometidos en los campos de concentración y por eso algunos se quebraban", explicó la mujer, a quien acompañaron durante la audiencia los hijos de Paco Urondo.
"Esperé muchos años para decir la verdad", enfatizó Ahuali cuando el presidente del tribunal le tomó juramento.

sábado, 15 de junio de 2013

Regreso de los sobrevivientes

Esto es distinto de lo que me imaginaba porque ha quedado institucionalizado”, dijo Lordkipanidse todavía conmovido. “Esto siempre estuvo en el aire, como en una nebulosa, nunca tuvo entidad y con la presencia de los fiscales, secretarios del juzgado, Prefectura, el labrado de las actas ante cada cosa. La verdad superó mis expectativas.”

“La sensación cuando volvemos a un lugar donde estuvimos chupados tiene cosas bastante encontradas”, dice Fukman. “Por un lado, está la sensación de que uno buscó reconstruir esta parte de la historia, dónde estuvo, qué hizo, qué sucedió. Y por otro, están los recuerdos de los compañeros que no están y hay mucho de esto que te vuelve en un marco en el que tengo que decir que no es cualquiera, porque no es que vinimos a buscar el pasado, sino que lo estamos recorriendo en un acto de búsqueda de justicia y tiene la carga que significa seguir aportando como sobreviviente para que se conozca la verdad y se pueda construir memoria.”

La propiedad: de la Iglesia a la ESMA

El viernes pasado dos sobrevivientes pidieron que se dicte una medida de “no innovar” en los terrenos. Uno fue Carlos Lordkipanidse, a través de Justicia Ya! Y el otro Víctor Basterra acompañado, por el abogado Rodolfo Yanzón. El juzgado hizo lugar al pedido y le pidió a Prefectura que preserve el lugar con recorridos periódicos. Hay una sede de prefectura está a 900 metros del lugar.

El Silencio está sobre el arroyo Chañía-Miní (o Canal 43) en el límite de la segunda y tercera sección, y según los datos de Prefectura fuera de los límites de El Tigre y dentro del distrito de San Fernando. En 1987, dos sobrevivientes hicieron un sondeo de reconocimiento desde el río acompañados por Maco Somigliana, ahora en el Equipo de Antropología Forense. Judicialmente existe un expediente desde 1984 sobre la isla en el “Legajo 11478/84 Firpo, Alberto Néstor, denuncia” que es una de las fuentes de la denuncia que Horacio Verbitsky publicó en El Silencio, de Paulo VI a Bergoglio. Las relaciones secretas de la Iglesia con la ESMA. En ese expediente declaró al secretario de la Vicaría castrense, Emilio Grasselli, que es quien vendió la isla a los marinos. El documento está en manos del juzgado de Sergio Torres que tiene la causa. También se pidió al Registro de la Propiedad y ARBA los antecedentes de los propietarios. “Técnicamente ahora tenemos que ir hacia atrás como hicimos con Chacras de Coria donde las trasferencias se hicieron por coacción. Hay que buscar la documentación sobre quiénes fueron los titulares y cómo se hicieron las trasferencias de dominio. No es imposible, es el trabajo que sigue”, dicen fuentes judiciales. Es posible que buena parte de la información necesaria ya esté el expediente de 1984.

Entre las fuentes que cita el libro está la escritura de la transferencia de la isla y el cotejo del documento que usó la Marina para la operación-compra. La hizo a nombre del fotógrafo y laboratorista Marcelo Camilo Hernández, sobreviviente de la ESMA y salió del país en enero de 1979. Lo que sigue es un extracto de la información de El Silencio sobre este punto:

- Hernández: Los marinos se quedaron con su libreta de enrolamiento cuando pidió la renovación del pasaporte en la Policía Federal. Dos semanas después de su salida del país en enero de 1979, con ese DNI, el grupo de tareas adquirió la isla El Silencio. “No hace falta una pericia caligráfica para advertir que su firma en la escritura no coincide con la del formulario policial, ni siquiera intenta parecerse”.

- Grasselli: El libro señala que en la escritura la persona que aparece como vendedor de El Silencio fue Emilio Teodoro Grasselli “que conocía a varios marinos del grupo de tareas y sabía lo que pasaba en los campos clandestinos de concentración de la dictadura”. Grasselli aparece asociado a otras tres personas cuyos nombres también se señala.

- Aramburu: Grasselli a su vez había comprado la isla en septiembre de 1975 al administrador de la curia, Antonio Arbelaiz. Los sacerdotes y seminaristas de la Arquidiócesis conocían la isla porque él los llevaba. Los vecinos además dan cuenta de la presencia de Juan Carlos Aramburu en el lugar.

- Radice: uno de los moradores más antiguos de la zona entrevistado para el libro explicó que en 1979 la quinta pasó a ser propiedad de Ríos. Cuando la Justicia interrogó a Grasselli en el expediente, él dijo que no conocía a Hernández. Tanto Grasselli como sus socios alegaron que en nombre de Hernández, realizó la operación un “tal señor Ríos”, es decir Jorge Radice, responsable de los negocios inmobiliarios de la ESMA.

La cocinera de la isla

A Blanca Alonso y Thelma Jara de Cabezas las pusieron a cocinar. Blanca contó en una declaración que una vez la tuvieron 48 horas haciendo buñuelos mientras un marino “gordo” le decía: “Quiero más”. Thelma llegó más tarde a la isla. La habían llevado a Uruguay para hacer la puesta en escena del reportaje en el que decía que estaba capturada por Montoneros. En Buenos Aires, la entrevista a Thelma salió publicada en la tapa de la revista Para Ti el día que llegaron los integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Carlos García, otro de los sobrevivientes que fueron desplazados a la isla durante esos días, describió a Thelma y la isla durante el último juicio por ESMA. “En la isla estuvimos un mes aproximadamente, había dos casas, una en la que estábamos con los guardias de los oficiales navales y otra casa más donde debía estar el soporte de las clásicas casa del Tigre que estaba cerrado y ahí estaban los ‘capucha’. Ahí está el caso de Thelma Jara de Cabezas. Era una señora grande que tenía el hijo desaparecido y que fue secuestrada por el GT. En la ESMA la torturaron mucho y de eso soy testigo, porque estaba en el sótano, no la vi, pero la escuché. Cuando la picana es usada fuerte, la luz del cuarto que estaba al lado de la huevera titilaba y ese día de Thelma la luz titiló un montón. A Thelma en un momento, la conocimos, la trasladaron también a la isla y en un momento Ricardo Cavallo –esto me lo contó Thelma en la isla– la llevó a hacer un reportaje mentiroso para la revista Para Ti donde ella decía que no estaba secuestrada. La acompañó obligado Lázaro Gladstein, que también estaba secuestrado, y Orlando González, alias Hormiga, que era fotógrafo del Centro de la Marina o Club la Marina, le tomó fotos en Uruguay, que yo revelé, donde se la veía en lugares típicos de Montevideo como si ella estuviera en una especie de exilio, pero estaba detenida en la ESMA. Thelma era quien cocinaba cuando nosotros estábamos en la isla. Con lo cual los presos de capucha decían que la comida había mejorado mucho, pero no sabían que la hacía una de las detenidas. Nosotros volvimos de la isla aproximadamente a fines de septiembre del ‘79, principios de octubre.”

Allanaron la isla del Tigre que era propiedad del Arzopispado de Bs As, donde la Marina llevó a los secuestrados de la ESMA EN 1979

Los sonidos del Silencio

Como si los años no hubieran pasado, los sobrevivientes reconocieron muebles, una cocina y un pequeño cuarto debajo de una de las casas, donde los desaparecidos estuvieron encerrados durante más de un mes. El lugar fue vendido en 1979 por la Iglesia a los represores de la ESMA, que firmaron la escritura con un documento falso a nombre de uno de sus secuestrados.

“El lugar está como estaba, lo único diferente es la vegetación que ahora ocupa una gran parte. Las casas están muy deterioradas porque no se les hizo nada. Lo que desapareció fue el muelle, no está. Quedan los restos. Pero la sensación es terrible, es como entrar a la ESMA.” Carlos Lordkipanidse es uno de los sobrevivientes de la Escuela de Mecánica de la Armada que volvió a El Silencio. La isla del Arzobispado de Buenos Aires donde los marinos montaron un centro clandestino en 1979 para esconder a los prisioneros durante la inspección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) acaba de ser allanado, por primera vez, por la Justicia. El juzgado de Sergio Torres impulsó la medida pedida por los sobrevivientes. Todos los que estuvieron ahí salieron conmocionados porque la isla permanece igual a como era, congelada en el tiempo. Encontraron objetos que los sobrevivientes mencionaron durante treinta y cuatro años: una cocina económica de hierro que ahora está tirada en una habitación; la piedra de afilar con la que los obligaban a pulir los machetes para cortar los árboles; muebles y hasta el chasis de un buggy con el que las guardias controlaron la seguridad.

Víctor Basterra dijo en su última declaración del juicio oral que jamás había vuelto a la isla. Estuvo más de treinta días encerrado en una celda de cemento diminuta, armada abajo de palotes de lo que es “la casa chica”, una de las dos construcciones. En ese encierro y sobre el piso que aún tiene el barro húmedo, permanecieron los “capuchas”, un grupo de unos quince prisioneros. Uno de sus compañeros el jueves lo vio abrir la puerta de ese sótano y transportarse en el tiempo. “Me pregunto cuál era el objetivo de estos tipos, de escatimarnos la mirada, de disciplinar, de provocar dolor, ¿habrán encontrado cierto placer en hacer daño? –dice– En habernos metido en un lugar como ese que es realmente una cueva un mes y algo. Amontonados unos al lado de otro, los guardias no querían entrar por el olor espantoso de los cuerpos, de las enfermedades. Estábamos descompuestos, no teníamos agua potable. Los guardias abrían la puerta, miraban y se iban medio tapándose la nariz, o entraban con una pistola, decían alguna cosa y gatillaban en seco y nosotros estábamos todos ahí, esposados, con capucha, débiles. Estuvimos mejor comidos gracias a que dos compañeras (Blanca García Alonso de Firpo) y la tía Thelma (Jara de Cabezas) cocinaron unos churrascos hermosos. A mí después de eso me agarró una crisis porque cuando regresamos a la ESMA nos siguieron dando lo de antes, que era el ‘bife naval’, que no tenía olor a nada, no tenía gusto a nada y en mis delirios se me ocurrió que podía ser carne de compañeros, una de las locuras que producía esa situación de miseria.”

Enrique “Cachito” Fukman estuvo alojado en la “casa grande” con el Sueco Lordkipanidse, entre el grupo de prisioneros que sirvió de mano de obra esclava para trabajos de corte de álamos y de formio, que eran las hojas que las sogas de los barcos. “Hubo algo bastante interesante en el recorrido que hicimos”, dice Fukman arriba de la lancha que lentamente en el agua densa lo devuelve a este lado del mundo. “Nosotros íbamos haciendo el relato de las cosas que habían pasado en cada lugar y cuando la gente del juzgado avanzaba encontraba lo que acabábamos de decirles. Por ejemplo, dijimos que en la cocina había una cocina económica que ahora no estaba, pero cuando entramos al dormitorio encontramos la cocina tirada en el piso. Un compañero que había estado chupado dijo que lo habían llevado antes para hacer refacciones y que había un buggy. Otros dijeron: tiene que estar en tal lugar y ahí estaba el buggy. Y así, cada cosa. Las casas en las islas están levantadas con palos, pero a los ‘capuchas’, acá, los encerraron en la parte de abajo de una casa. Y dicho y hecho: la parte de abajo que nosotros decíamos que estaba cerrada la encontramos así. O dijimos que nos habían hecho armar tanques de agua con filtros y entre medio de la maleza aparecieron esos tanques tirados. Se fue demostrando que el resultado de años y de años de lo que vinimos diciendo, eso que muchas veces dijimos, que lo contamos, finalmente está plasmado como realidad.”

A nivel probatorio, la medida resultó “de mucha trascendencia”, según indicaron fuentes judiciales. “La casa tiene exactamente las mismas condiciones que tenía: están las dos casas, no tuvieron ningún cambio: la misma cocina, los mismos muebles que se usaron. Las otras casas del Tigre por abajo tienen palotes, pero a la llamada ‘casa chica’ de este lugar la cerraron con ladrillo y cemento. Abajo, la casa es como un sótano bajito, de barro, ahí estuvieron los prisioneros durante un mes. La existencia de un cerramiento así no tiene una función lógica en el Delta salvo para esto. Está el piso húmedo, cada vez que hay sudestada lo mueve, es siniestro. De los lugares que recorrimos y que fueron centros clandestinos nos parece que es el más tremendo. Pusieron a personas en un lugar donde sólo entran agachadas, con el piso de barro, en un cuarto de siete metros cuadrados, donde no había baño. Como tomaban agua del río nos decían que los de la Armada no podían acercarse a darles de comer por el olor que había. Les pasaban un plato de comida por la puerta y nada más. Era una jaula, una situación tremenda.”

“Hoy pudimos andar con libertad, en ese momento no”, dijo Basterra más tarde a Oral y Público, el programa de radio del IEM. “Era una isla blindada, armada, había tres brigadas de guardias, es decir 25 o 30 efectivos del GT, además de los oficiales y suboficiales con rango superior, guardianes crueles, bastantes numerosos, pero hoy la gente era toda delicadeza y cordialidad.”
Cuentas pendientes

En marzo de este año, cuando le tocó declarar en el juicio oral por la megacausa ESMA, Lordkipanidse pidió el allanamiento. Fue el primer testigo del juicio y con eso marcó una agenda de cuentas pendientes. Mostró a los jueces un puñado de fotos y les dijo que les habían “llegado noticias de que la casa iba a cambiar de manos”. Pidió además una investigación sobre los propietarios. El pedido fue reimpulsado en ese mismo día por fiscales y querellas.

En su libro El Silencio, el periodista Horacio Verbitsky había contado la historia del lugar. “Nos pareció siempre medio ridículo que se habían ya hecho inspecciones oculares en todos los lugares que tenían relación con la ESMA y no en esta villa del Silencio.”

Desde aquella audiencia a esta parte, el juzgado de Torres pidió el historial de propietarios al Registro de la Propiedad y a ARBA de la provincia de Buenos Aires. El allanamiento se ordenó mientras se aguardan esas respuestas.

La isla está ubicada a unas dos horas, dos horas y media o aún más de Buenos Aires de acuerdo con el tipo de la lancha. El predio está en un nudo de canales, sobre el Chañá-Mini y a unos 900 metros del cruce con el Paraná-Mini. El cruce aún conserva una sede de Prefectura que recuerdan los sobrevivientes trasladados sin tabiques. Hacia 1979, frente al cruce y ya sobre el arroyo, había una almacén del que ahora quedan los restos. En la entrada al predio ya no está el muelle con el cartel El Silencio. Y en el interior de la isla continúan estando las dos construcciones que había: la “casa grande” y la “casa chica” hasta pintadas con la misma pintura, ahora deteriorada. La “casa grande”, muy clásica del Delta, tiene cinco habitaciones, dos comedores, dos baños y galería. Ahí alojaron a los prisioneros destabicados y usados como mano de obra esclava para desmontes, tala de álamos y de formia. Ellos dormían en tres habitaciones, según recuerda Lordkipanidse. En otra, dormían los represores, en general oficiales y suboficiales. La “casa chica” estaba separada por un pequeño arroyo; en la parte de abajo pusieron a otros secuestrados, la mayoría hoy desaparecidos, entre ellos estaba el grupo Villaflor y Basterra. Arriba dormían los guardias.

En términos políticos, el lugar condensa la relación entre Iglesia y dictadura. En 2005, Verbitsky publicó en su libro los detalles de cómo se hizo la trasferencia del predio. El lugar era del Arzobispado de Buenos Aires. Ahí celebraban la graduación los seminaristas y descansaba el cardenal Juan Aramburu los fines de semana. Entre enero y febrero de 1979 –es decir, mientras se preparaba todo para disimular las condiciones de secuestro de los detenidos desaparecidos ante la visita de la CIDH– el secretario del vicariato castrense Emilio Grasselli vendió el predio al GT3.3.2. Los marinos firmaron la escritura con un documento falso a nombre de uno de sus secuestrados. Según esos datos, una vez usado, los marinos volvieron a vender el predio en 1980. Es extraño cómo todo permaneció en el mismo lugar.
La inspección

En la inspección estuvo el secretario del juzgado Pablo Yadarola y los fiscales Guillermo Friele y Mercedes Soiza Reilly. También participaron querellantes, entre ellos, Patricia Walsh, con lápiz y papel y anotando descripciones de la casa, y Ana María Careaga. Y seis sobrevivientes: Basterra, Lordkipanidse, Fukman, Roberto Barreiro, Leonardo “Bichi” Martínez y Angel “Taita” Strazzeri. En el lugar los recibió un baqueano, un hombre que vive en condiciones muy humildes, en la parte de arriba de la “casa chica”. Al parecer, hace más de cuarenta años que está en la zona y, según dijo, lleva unos diez años al cuidado de ese lugar. De acuerdo con lo que él transmitió, el predio estaría desde hace un año en manos de un nuevo dueño. Esa persona, de nombre Angel Espinoza, aparentemente va algún fin de semana. El único lugar que tiene signos de estar habitado es un cuarto de la casa grande, donde hay una cama con colchón en estado de uso. Hay una heladera en funcionamiento. Y saltos a lo largo del tiempo que dan cuenta del modo de uso del espacio, marcado, por ejemplo, por la presencia de un calendario del año 2008.

En términos de prueba, uno de los aportes clave lo hizo Bichi Martínez. Es uno de los sobrevivientes tal vez menos conocidos de la ESMA. Volvió al centro clandestino por primera vez hace una semana, estuvo secuestrado entre 1977 y 1980, lo trasladaron a la isla antes que al resto y luego de forzarlo a trabajar lo liberaron desde ese lugar. A través de su relato, los fiscales determinaron, por ejemplo, que hubo por lo menos tres grupos distintos de prisioneros y que fueron desplazados hasta la isla en distintos períodos.

“Martínez pertenecía al grupo de cautivos que en la ESMA era obligado a mejorar las casas de los prisioneros que luego se reutilizaban o se vendían. O los mandaban a hacer mantenimiento y refacciones en la ESMA”, indican Soiza Reilly y Friele. “Como parte de ese grupo trasladaron a la isla a Bichi Martínez y a Alfredo Ayala. Martínez contó que el personal del GT lo llevó para ambientar el lugar y preparar las condiciones del sitio como para que los cautivos hagan trabajo esclavo, con los troncos y demás cosas. Para eso trasladaron a la isla algunos enseres. Entre ellos, un tractor. Para hacer seguridad en la zona tenían un buggy. Este es el buggy que apareció. Está el chasis sin motor. Esto demuestra para nosotros la doble misión que tuvo este lugar: esconder a los cautivos de la CIDH y por el otro lado, mantener el trabajo esclavo de determinado grupo de cautivos.” Esta hipótesis se ve reforzada por otro dato que agregó Basterra: según las cuentas, Bichi Martínez, por ejemplo, siguió obligado a trabajar en este lugar aun después del regreso de los prisioneros a la ESMA.

El segundo grupo que llegó fue el de los prisioneros destinados a la “casa grande”, entre ellos Fukman y Lordkipanidse. Cuando vieron la piedra redonda se dieron cuenta de que era la misma que usaban para afilar los machetes “porque nos mandaban a cosechar el formio, una planta de un metro de donde se saca el yute para soga de barcos”. En aquel momento, la piedra estaba abajo de la casa grande, entre los palotes que la sostienen. Ahora la encontraron adentro.

Al final, llevaron a los “capuchas”. Según el relato que hizo Basterra en el juicio ESMA, ese ingreso se habría producido entre el 3 o 4 de septiembre de 1979. “Fuimos llevados bastante brutalmente por un grupo de sujetos donde se olía mucho alcohol, esposados y engrillados y con la capucha puesta, tomando distancia del compañero que uno tenía adelante. Nos llevaron a un lugar donde el agua se notaba cercana. Había diálogo entre estos secuestradores que por ejemplo decían: ‘Mirá la vieja ésa se asoma por la ventana’. ‘¡Dejá que le tiro!’, decía uno. Y otro le decía: ‘Ahora no, que va a haber mucho ruido’. Se ve que era una lancha pequeña, descapotable, porque le tiraron una lona encima. Estábamos muy apiñados entre nosotros, yo tenía cuidado porque había sido lastimado por uno de los guardias en la columna. Cuando nos suben a un vehículo, lo que se comentó era que la salida era de la Apostadora Naval de San Fernando, yo pensé que nos esperaba un tiro en la nuca."

martes, 11 de junio de 2013

APL(1)Charla con Carlos Lordkipanidse, sobreviviente ESMA

APL(2)Charla con Carlos Lordkipanidse, sobreviviente ESMA

Nuevos testimonios en el juicio por crímenes en la ESMA

Las caídas de la columna norte

Elena Zunino habló sobre los secuestros de su hermana Lidia y su marido, Raúl Rossini, ambos militantes de Montoneros. También declaró Federico Ibáñez, en cuya casa estaba Daniel Kurlat, dirigente de la misma agrupación, cuando fue secuestrado.

 Por Alejandra Dandan

“¿Puedo decir algo más?”, le preguntó Elena Zunino a la presidenta del tribunal cuando la jueza había dado por concluido su testimonio. “Siento que yo vine a declarar también como víctima y como sobreviviente de esta situación de terror en la que vivimos los argentinos –dijo–. Quiero agradecer que se esté desarrollando este juicio porque realmente hace quince días que no duermo, que estoy tratando de recordar para rendirles homenaje a mi hermana y a Raúl (Rossini, el esposo) y en ellos a todos los compañeros que no tienen voz, que fueron callados por la represión. Aunque esto haya sido doloroso, algo de reparación siento en mi alma, algo hice, muchas gracias.”

El juicio a los marinos de la Escuela de Mecánica de la Armada avanza en la reconstrucción de una serie de caídas de la columna norte de Montoneros. Es la llamada “segunda caída”, que se produjo a partir de diciembre de 1976, luego de un rearmado de la organización tras los primeros secuestros posteriores al golpe de marzo. Uno de los militantes más buscados en diciembre era Daniel “El Monra” Kurlat, jefe de la columna norte, secuestrado finalmente el 9 de diciembre de 1976 con su hija, ella introducida en la ESMA y él visto moribundo en el centro clandestino. En los días siguientes se desata una feroz persecución que alcanza, entre otros, a Lidia Zunino. Ella pertenecía a ese mismo espacio político. Estaba casada con Raúl Rossini, también de Montoneros. Eran de San Juan. Ya estaban en Buenos Aires. Lidia era responsable de prensa y propaganda en zona norte. A ella la secuestraron el 10 de diciembre de 1976. La llevaron a la ESMA. A Raúl lo secuestraron en enero de 1977. No fue parte de esta “segunda caída”, fue situado por un sobreviviente en Campo de Mayo, pero también aparece en el listado de víctimas de la ESMA.

La audiencia de ayer tuvo a esos tres nombres en el centro. Primero declaró Elena Zunino, la hermana de Lidia, y luego otro de los secuestrados del caso, Federico Ibáñez, secuestrado por la Marina y la persona que había refugiado a Kurlat. Todos los casos están atravesados por uno de los ejes que empieza a ser investigado en el juicio, a partir, entre otros datos, de documentos desclasificados de la ex Dipba. Los expedientes dan cuenta de una articulación entre Campo de Mayo y la Marina, hasta ahora no trabajada en forma suficiente, según los fiscales. Eso abre la posibilidad de indagar sobre desplazamientos de hombres del Ejército al interior de la ESMA, en los interrogatorios y traslados de prisioneros.
Lidia y Raúl

Lidia y Raúl estudiaban en la Universidad Católica de San Juan, de donde fueron expulsados por sus ideales políticos. Luego de recorrer distintas provincias, ya perseguidos, en 1976 se establecieron en Buenos Aires. La hermana de Lidia, Elena, que a su vez era perseguida con su propia familia, se alojó durante treinta días en casa de ellos. “El contacto que tenía con mi hermana y su marido era muy familiar y afectuoso, pero evidentemente dada la represión, nos veíamos muy de vez en cuando y con mucha discreción”, explicó. La casa donde estuvo “no sé dónde era exactamente, porque por cuidados cerrábamos los ojos antes de llegar”. Supo que estaba sobre la calle Edison, cerca de la Panamericana, y que fue la misma casa desde donde secuestraron a su hermana, en medio de un operativo que describió como impresionante. “Raúl nos hablaba que habían sido los de la Armada. ¡Era la Armada, era la Armada!, nos decía. Aparentemente, mi hermana se defendió con mucha dignidad. Y él nos habló con mucha congoja, porque en ese momento tuvo un dilema muy grande: o entraba a ayudarla y a morir con ella o se iba a buscar a su hijo y salvaba a su hijo, que estaba en una guardería. Optó por lo segundo, sé que se fue con un peso enorme al haber visto lo que estaba pasando con su mujer.”

Durante la declaración, en la sala, Elena se detuvo más tarde en la caída de Rubén. Una noticia que conoció a través de la radio y luego vio publicada en diarios. A este punto ella volvió varias veces para criticar al modo en el que las empresas de medios se referían a la figura de los militantes.

“Nos enteramos de que cae Raúl por el diario y por supuesto que allí decían ‘extremista abatido’, ‘delincuentes’, ‘subversivos’ y en realidad no decían nada o decían lo que no era verdad.” Cuando secuestraron a su hermana, también apareció la noticia en los diarios. “Tanto en Clarín como en Crónica al día siguiente explicaron que ‘sediciosos’ habían sido ‘abatidos’, cuando en realidad no necesariamente era así en todos los casos, no fueron ni muertos, ni abatidos, eran tomados como prisioneros.”

Durante la dictadura, la madre de Zunino, convencida de que su hija estaba en la ESMA, se acercó al centro clandestino. “Tampoco se sabía qué quería decir todo eso, ella quería que al menos le dijeran dónde estaba su hija, viva o muerta.” Ahí no la dejaron avanzar. Como otras madres, visitó al vicario castrense Emilio Graselli. Ese hombre que sigue sin ser investigado, la segunda vez que la vio, le dijo en tono de advertencia: “Señora, usted tiene otras tres hijas”. En 1984 supieron por las primeras sobrevivientes que Lidia había estado en la ESMA. En 1995 o 1996 lo confirmaron a través del testimonio de otra sobreviviente, les dijo que Lidia había llegado muy herida y al poco tiempo “fue trasladada con lo que ello significaba: no trasladada a otro campo, trasladada seguramente en un vuelo de la muerte”.

De Raúl supieron que estuvo en Campo de Mayo por el testimonio del sobreviviente Cacho Scarpa-tti, pero ayer Elena supo además que su cuñado pudo haber estado también en la ESMA. Raúl y Lidia tuvieron un hijo: Juan Martín, de dos años y medio cuando secuestraron a sus padres. Una de las últimas veces que Elena vio a Raúl le pidió un teléfono para ubicar al niño si él tenía problemas. Raúl les dio un teléfono. Lo memorizaron y destruyeron. Cuando secuestraron a Raúl, llamaron al número. “En un primer momento negaron que estuviera ahí. El nivel de terror era grande para esa familia, de hecho, después supe que habían tenido problemas. Mi madre buscó a Juan Martín por todas las instituciones en que podía estar. Y como a los tres meses volvimos a hablar a esa casa y por suerte nos atendieron muy bien, reconocieron que estaba ahí y que no tenían mayores datos, sólo que la familia era de San Juan.”

–¿Recuerda dónde era la casa? –preguntó una querella.

–La casa de nadie, nadie iba a la casa de nadie.
El Monra

Apenas se sentó, Federico Ibáñez dijo: “Quiero anticipar que yo traté de recordar y es difícil recordar después de treinta y pico de años (...) Y cuando empecé a buscar en la guía Filcar no quería recordar, hay dolor para recordar, hay años que dificultan para recordar, quiero que quede claro”. A Federico lo secuestraron el 9 de diciembre de 1976. Y su testimonio permitió en la causa probar el secuestro de Kurlat. Kurlat estaba alojado en su casa de la calle Arce, hasta donde los marinos lo llevaron en un operativo. “Yo estaba tranquilo porque estaba convencido de que no iban a encontrar a nadie, ni al jefe de la columna norte ni a mi familia y no fue así, desgraciadamente. Mi señora se había ido con mis hijas, pero no le había avisado de lo ocurrido a Monra. Punto”, dijo después. “Ahí lo mataron, hubo un tiroteo que fue terrible.” El hombre explicó que pudo verlo ubicado desde una casa vecina y “después me llevaron de vuelta a la ESMA”. Cuando le preguntaron qué pasó con el Monra, él dijo “para mí lo habían matado, era imposible pensar otra cosa”.

Según los datos de la causa, a Kurlat le dispararon con un FAL en los riñones y entró agonizante a la ESMA. Graciela García habló de ese día en su declaración. Dijo que escuchó a una nena, que después supo que era su hija Mariana, gritar: “Quiero ir con mi papá”. Mercedes Inés Carazo, su esposa, estaba ya como prisionera en la ESMA. Y entre los hombres señalados como responsables de su muerte está el mayor del Ejército Juan Carlos “Maco” Coronel. El testigo ubicó a Coronel como el hombre que comandó su propio secuestro, así como interrogatorios en la ESMA. Esto también está relacionado con la hipótesis que investiga la articulación entre Campo de Mayo y la ESMA.

Durante los próximos días, el debate judicial continuará en esta línea. Los nombres de las víctimas de la “segunda caída” son muchos otros. Una de las pruebas que señala que el grupo de tareas de la ESMA tuvo responsabilidad en el secuestro de estas personas es el documento de la ex Dipba que da cuenta del operativo a Kurlat. Allí indican que son anoticiados a través de la comunidad informativa que “Daniel Kurlat (...) habría sido detenido por efectivos militares pertenecientes a la Escuela de Mecánica de la Armada (Area 420) sin intervención de fuerzas policiales. Se deja constancia que con respecto a la suerte corrida por el citado Kurlat se ignora si el mismo fue abatido o se encuentra en poder de fuerzas militares”. El documento data del 11 de diciembre. Una serie de recortes de diarios vincularon en aquel momento esa caída con las que se desataron en días posteriores. Y allí hay otro dato que también contribuye a la hipótesis que se investiga: los diarios citan como fuente al “Comando de Zona 1”.

sábado, 8 de junio de 2013

Visita colectiva a la ESMA organizada por la AEDD, el 1/06/13


VISITA AL ESPACIO MEMORIA ESMA – 1 de junio 2013

Introducción

El Casino de Oficiales fue el principal inmueble utilizado por los genocidas para la detención y desaparición de personas dentro del predio donde funcionara el Centro Clandestino de Detención y Exterminio ESMA. Desde el año 2004 se inició el desalojo total del predio de la ESMA y especialmente en el edificio mencionado se han realizado tareas de investigación, conservación y comunicación tendientes a la reconstrucción histórica de lo sucedido allí, a su interpretación con fines educativos, y a su consolidación como prueba para los procesos judiciales reabiertos en septiembre de 2003.

En todos estos años, numerosos sobrevivientes han podido recorrer el lugar e identificar los espacios donde permanecieron detenidos. De igual manera ha ocurrido con familiares de detenidos-desaparecidos, y con miles de estudiantes, trabajadores, organizaciones, etc, que han realizado las visitas educativas que tienen lugar allí.

Con fecha 19 de agosto de 2008 (decreto 1333/2008) el edificio del Casino de Oficiales fue declarado Monumento Histórico Nacional:

“Artículo 1°- Declárese monumento histórico nacional al edificio del Casino de Oficiales de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), comprendido en la fracción del polígono formado por las calles Pico, La Cachila, Muratore y San Martín con frente hacia la Av. Del Libertador ubicado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Datos catastrales: Circunscripción 16, Sección 29, Manzana 110 A.”

El edificio es objeto de inspecciones oculares ante la realización de cada una de las instancias de debate oral de la Causa ESMA.



Sobre los objetivos planteados por la AEDD en el año 2005

En la Propuesta de la Asociación de Ex -Detenidos Desaparecidos para el Predio de la ESMA y el Campo de Deportes presentada oportunamente en el año 2005, considerábamos que los objetivos que guiaran el proyecto a implementarse en el predio de la ESMA debían ser:

Preservar la ESMA:

·         Como testimonio material del genocidio perpetrado en Argentina en las décadas del 70 y 80, a través de la reconstrucción y representación histórica de su funcionamiento como centro clandestino de desaparición y exterminio, con el fin de hacer conocer el accionar represivo de la Armada –como parte del plan general de las FFAA y sus aliados civiles–, su estructura orgánico-funcional, la metodología planificada e implementada para el secuestro y la desaparición; y de representar la identidad de los detenidos desaparecidos que estuvieron secuestrados allí.

·         Como prueba judicial para los juicios iniciados o que puedan iniciarse en el futuro para juzgar a los responsables de los crímenes cometidos en dicho centro clandestino de desaparición y exterminio.

Asimismo se planteaba en ese documento sobre los Usos del predio

Los gobiernos constitucionales posteriores a la última dictadura militar implantaron durante 20 años políticas de olvido, no solo mediante la aprobación e implementación de leyes y decretos de impunidad, sino también a través de la construcción y/o legitimación de diferentes formas de representación.

Ejemplo de ello es la Teoría de los dos demonios, explicitada en los decretos 157 y 158 firmados por el ex Presidente Alfonsín y de allí en más, presente en todos los mensajes emitidos desde el Gobierno comenzando por el prólogo del Informe Nunca Más de la CONADEP. También lo son las innumerables circunstancias en las que se caracterizó al genocidio como producto de la “locura” y de la “irracionalidad”, en las que se negó la identidad de las víctimas otorgándoles “inocencia” o “culpabilidad”, en todas aquellas ocasiones en las que se articularon y articulan procesos de conceptualización que desvinculan el genocidio de los procesos históricos que motivaron su implementación y que ocultan su funcionalidad como práctica social.   

Todo esto tuvo y tiene consecuencias en la subjetividad social, consecuencias tan graves como la propia dictadura. Revertirlas llevará muchos años, y se logrará no solo anulando las leyes de impunidad sino aplicando una política clara, contundente y explícita que impulse a construir memorias sobre la base de la justicia, es decir el juicio y castigo de todos los responsables del genocidio y la verdad sobre el destino de los desaparecidos y sus hijos apropiados. 

Parte de esa política necesaria es el reconocimiento pleno de la existencia de centros clandestinos de desaparición y exterminio, sin desvirtuar su significación como tales a través de su utilización para otras actividades.

La ESMA constituye, por la cantidad de detenidos-desaparecidos que por ella pasaron, por su significado simbólico para el imaginario social, y por tratarse del primero de estos sitios en ser desalojado, un antecedente de características muy relevantes para nuevos procesos de construcción de la memoria en sitios que funcionaron como centros clandestinos de desaparición y exterminio.

No puede ni debe diluirse lo que allí ocurrió detrás de otras actividades, aunque se trate de prácticas que estén vinculadas a los DDHH en su concepción más general. Muchos son los espacios donde estas actividades pueden llevarse a cabo sin necesidad de hacerlo en el Centro de Detención y Extermino que es símbolo en el mundo entero de la represión dictatorial en Argentina.

También nos oponemos a la instalación de instituciones educativas u oficinas públicas, aunque sean dedicadas a fomentar o preservar los DDHH. En cualquiera de los dos casos se establecería un movimiento rutinario y cotidiano de alumnos, profesores, funcionarios, empleados, público y proveedores e implicaría la instalación de la infraestructura necesaria (bares, kioscos, comedores, guarderías infantiles, playas de estacionamiento) que vaciarían de contenido los lugares donde se planificó, se puso en marcha y se concretó un genocidio.

Donde hubo muerte debe señalarse, recordarse, mostrarse, saberse, que hubo muerte, quienes fueron los que murieron, por qué murieron y quiénes los mataron. No debe pretenderse que ahora haya vida. Para buena parte de nuestro pueblo recién comienza la hora de recordar, de saber, de aprehender, de comprender.



Y se consideraba:

·         Que solamente deberán establecerse en el predio de la ESMA usos que estén directamente vinculados a la preservación y conocimiento del lugar como Centro Clandestino de Desaparición y Exterminio.

·         Que no deberá funcionar ninguna institución estatal –y mucho menos privada- como el Archivo Nacional de la Memoria, el Instituto Espacio para la Memoria,  dependencias públicas y/o instituciones educativas, ya que no debe establecerse allí un movimiento rutinario de personal o de público que permita la naturalización y el vaciamiento de contenido del espacio y desplace su significación como centro clandestino de desaparición y exterminio.





Resignificación de la ESMA – Proyecto oficial

Resignificar: otorgar un nuevo significado

Centro clandestino de detención Escuela de Mecánica de la Armada
Espacio para la Memoria y para la promoción y defensa de los derechos humanos
1
Casa de suboficiales II. Alojamiento.
2
Pabellón de Armas y Aviación. Capacitación a aspirantes y a cabos.
Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Realiza actividades culturales públicas y genera seminarios, debates y publicaciones sobre historia reciente.
3
Escuela de Guerra Naval. Formación de oficiales superiores con destino en el Estado Mayor de la Armada.

4
Panadería
Guarda y conservación del acervo documental del Archivo Nacional de la Memoria
5
Jefatura de Guardia. Guardia, calabozos de la Marina, central de comunicaciones.
Sede provisoria de las personas encargadas de la protección del predio.
6
Pabellón de operaciones. Capacitación a aspirantes y a cabos.
Casa por la identidad – Abuelas de Plaza de Mayo. Espacio destinado a la realización de actividades culturales y educativas vinculadas al ejercicio de la memoria y el derecho a la identidad.
7
Pabellón Alfa. Alojamiento de suboficiales, aulas y sala de armas.
Casa Nuestros Hijos, Vida y Esperanza - Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Destinado a la formación de músicos populares bajo la dirección de Fundación Música Esperanza.
8
Pabellón Delta. Alojamiento de aspirantes. Gimnasio cubierto.
Casa de la Militancia-Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio- H.I.J.O.S. / Sede provisoria del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
Sede de la Tecnicatura Universitaria Superior en Periodismo Deportivo, bajo convenio entre la agrupación H.I.J.O.S., la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, el Ministerio de Educación y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
9
Polígono de tiro. Guardia de acceso.
Acceso vehicular
10
Taller especializado de mar. Capacitación a aspirantes y a cabos.
Casa por la identidad (Idem 6)
11
Pañol equipos. Depósito de usos múltiples.
Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos del MERCOSUR (IPPDH). Organismo del Mercosur enfocado al diseño y seguimiento de políticas públicas en derechos humanos en el marco del proceso de integración.
12
Módulos de alojamiento. Habitaciones de suboficiales y aspirantes.
Demolido en 2012. Sede del futuro Museo de Malvinas.
13
Pabellón máquinas. Capacitación a aspirantes y a cabos.
13 bis. Taller reparaciones. Carpintería. Herrería. Sala de calderas.
Sede de Canal Encuentro, señal Paka-paka y portal Edu.car del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación.

14
Casino de aspirantes y cantina.
Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos, auspiciado por UNESCO.
15
Capilla Stella Maris. Lugar donde oficiaban misas los capellanes militares.
Espacio Patrick Rice. Destinado a la generación de un centro de convivencia ecuménica.
16
Plaza seca
Edificación de usos múltiples
17
Pabellón de electricidad. Capacitación a aspirantes y a cabos.

18
Casino de suboficiales. Alojamiento y comedor.
Futura sede del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
19
Pabellón Bote o Bravo. Dormitorios de aspirantes
Espacio Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.
20
Campo de deportes. Vinculado a la ESMA por un puente peatonal que curza la Av. Lugones y Cantilo. Existen sospechas de su posible utilización para enterramientos y cremación de cadáveres de secuestrados durante el período de la dictadura.
Terreno que se encuentra en manos de la Armada.
21
Quincho
Espacio de usos múltiples, especialmente a actividades con las visitas al predio.
22
Patio de armas
Plaza de la declaración universal de los Derechos Humanos.
23
Casino de oficiales. Lugar de alojamiento de los oficiales. Sede del GT 3.3.2. Sitio de reclusión, tortura y exterminio de los detenidos-desaparecidos.
Sitio Histórico. El edificio ha sido conservado con las estructuras que dejó la Marina. Se han realizado intervenciones mínimas a la fecha con el objetivo de señalizarlo y preservarlo.
24
Pabellón central o Cuatro Columnas. Oficina del director de la escuela. Aulas y gabinetes, anfiteatro y gran patio cubierto para formaciones militares y recreos.
Espacio para la Memoria sobre el Terrorismo de Estado. Destinado a Espacio/Museo con muestras permanentes sobre el terrorismo de estado. Sede del Instituto Espacio para la Memoria IEM.
25
Imprenta. Edificio donde fueron llevados algunos detenidos-desaparecidos para realizar trabajo esclavo.
Bajo tenencia del IEM
26
Talleres automotores. Lugar destinado al acondicionamiento de los vehículos para los operativos de secuestro, entre otros usos.
Bajo tenencia del IEM
27
Enfermería. Edificio donde fueron llevados algunos detenidos-desaparecidos para ser atendidos.
Bajo tenencia del IEM
28
Pabellón Coy o Charly. Dormitorio de aspirantes. Edificio donde fueron llevados algunos detenidos-desaparecidos para realizar trabajo esclavo.
Bajo tenencia del IEM
29
Lavadero
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
30
Pileta de natación
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
31
Depósito de equipos
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
32
Taller de electricidad. Departamento de Ingeniería
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
33
Talleres básicos. Capacitación a aspirantes y cabos.
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
34
Bomberos
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
35
Cocina. Servicio de alimentación a aspirantes, marineros, suboficiales y personal civil
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.





Ante proyecto museográfico para la “resignificación” del Casino de Oficiales

La Asociación de Ex –Detenidos Desaparecidos NO ACUERDA con la construcción de salas de exhibición, instalaciones artísticas, performances, juegos de luces, ni ningún tipo de puesta museográfica que implique la re-significación del espacio, la alteración de la circulación, recorridos, espacio físico y la identificación actual que tiene el monumento histórico nacional Casino de Oficiales.

NO QUEREMOS que se cambie el significado que tiene ese lugar, porque queremos que promueva el debate de lo allí sucedido en el pueblo argentino todo HOY, y porque queremos que las futuras generaciones puedan recorrer y conocer ese sitio y saber qué fue el Casino de Oficiales como centro de detención clandestino.

Ese sitio sigue siendo el lugar donde desaparecieron a nuestros compañeros, y repudiamos cualquier intento de cambiar el sentido y significados de ese espacio.

Sobre el proyecto de “puesta museográfica”

Si bien hemos fundamentado las razones por las que nos oponemos a la instalación de cualquier tipo de intervención que resignifique, distorsione, o altere la situación actual del uso actual del edificio Casino de Oficiales, presentaremos respecto del proyecto de “puesta museográfica” –brevemente- las siguientes consideraciones que apoyan y profundizan nuestra posición:

Recorrido grupal vs recorrido individual:

Desde el inicio del funcionamiento del predio como espacio de memoria y de la conformación del primer equipo de guías que tuvo a su cargo la realización de los recorridos, aportamos información, conocimiento y apoyo para la construcción de visitas colectivas al predio. Hemos valorado como positiva la tarea desarrollada durante todos estos años por los guías, que han desarrollado un trabajo social y político de educación y concientización con los miles de personas que han participado de las visitas grupales. Hemos valorado siempre la construcción colectiva por sobre lo individual.

Entendemos que en esta etapa histórica, el camino a recorrer es el de la promoción del debate, el intercambio de ideas, la discusión sobre el genocidio implementado en nuestro país. Es por ello que consideramos que las visitas y recorridos al sitio deben continuar siendo colectivos y no individuales. No acordamos con la alteración del lugar en función de generar visitas individuales. Afrontar estas temáticas requiere no solamente de apoyo histórico, sino de poder compartir la experiencia con otros. Romper con el mandato de individualismo y fragmentación social que pretendieron –y en gran parte lograron- instalar los genocidas.

Tiempo estimado total del recorrido

Los actuales recorridos y visitas al Casino de Oficiales están organizados en períodos aproximados de 3 horas, en forma grupal, y con una orientación planificada en cuanto a los contenidos.

El proyecto presentado plantea la disposición de una cantidad de información abrumadora, distribuida y multiplicada en todos los espacios seleccionados, y nos preguntamos cuánto tiempo de recorrido necesitaría un visitante para poder acceder a la interpretación de la misma.

El Dorado – Resignificación, símbolo y ruptura de una línea

La presentación de la propuesta respecto de las modificaciones e instalaciones a realizar en el sector “El Dorado”, plantean dificultades importantes y situaciones inaceptables:

1-      Se plantea la instalación de plasmas y proyecciones que en un período de 15 a 20 minutos muestren en forma rotativa información sobre represores y sobre detenidos-desaparecidos, ambos en el mismo espacio. De ninguna manera aceptamos que se instale en el mismo lugar físico a los genocidas con la figura de los compañeros detenidos-desaparecidos.

2-      Se transforma y modifica el espacio desde el punto de vista de la interpretación del lugar cambiando su sentido original, no se explica, no se interpreta cuál fue su funcionalidad.

3-      Se pretende en un período muy acotado de tiempo reflejar la identidad y responsabilidad de “los represores”. Al día de hoy, casi 70 de ellos están siendo juzgados. Cada prontuario tiene historia. Se hará una “selección” de represores a mostrar? En base a qué criterios se realizará esa selección? Dónde se hablará del resto de los represores que aún hoy continúan impunes?

4-      Las historias de vida, de militancia de los compañeros detenidos-desaparecidos, se encapsularán dentro del lugar que los mantuvo desaparecidos? Es ése el único destino que se puede pensar para ellos? Quedaron allí para siempre? No sería adecuado pensarlos al menos en otro lugar distinto al que fue su lugar de detención? Quedarán detenidas sus historias allí adentro?

5.    Se anuncian momentos de oscuridad dentro del sector “El Dorado”. Oscuridad y fotos de los represores. Se ha pensado en el impacto psico-físico-emocional que una instalación de este tipo puede generar en el público en general? y en personas que han sufrido afectación directa en sus cuerpos por la represión? Y en personas que han perdido a sus familiares? Y en jóvenes adolescentes? Se ha realizado algún tipo de estudio sobre los efectos que generaría?

6. Es incomprensible esta suerte de intento de recreación induciendo como mínimo zozobra;  pero parece que el objetivo de esta teatralización va mucho más allá. Y esto nos provoca un rechazo añadido a este proyecto lacerantemente circense. No se puede jugar con  el terror padecido, es cruel y tremendamente ofensivo,  tanto por los compañeros que allí lo soportaron,  como para los visitantes. No se puede ni se debe trivializar el terror.



Capucha y pañol

En el mismo sentido que lo mencionado en el punto anterior, ante la información sobre la instalación de tarimas que indiquen la circulación por el lugar, así como efectos luminosos, consideramos nefasto reducir la circulación de visitas grupales, y advertimos sobre los efectos psico-emocionales y el impacto que generarían efectos luminosos en el lugar donde estuvieron los detenidos-desaparecidos.

Conservación Preventiva, Sótano y final del recorrido

Con asombro y espanto conocemos la idea de hacer una instalación artística con piedra, fotos y agua en el sótano del Casino de Oficiales.

Se informó acerca de la remoción de la estructura instalada ante la visita de la CIDH en 1979 por los represores para ocultar la escalera por la que descendían a los compañeros a las salas de tortura y a los vuelos de la muerte.  Se trata de una prueba de las políticas de impunidad que los genocidas ya planificaban en plena dictadura. Nos oponemos a borrar ese testimonio.

Nos oponemos a la resignificación de ese espacio también.

Y llamamos la atención a los especialistas, en relación con que se trata de un SÓTANO, que los altos niveles de humedad existentes en ese ambiente, conjugados con fuentes que originen agua y aumenten los niveles de humedad relativa dentro del espacio en forma directamente proporcional provocan RIESGOS DE DETERIORO EDILICIO.

Finalmente, y para no abundar en detalles que no conocemos ya que no tuvimos acceso al proyecto por escrito, terminamos esta fundamentación con lo siguiente:

Se plantea el final del recorrido del edificio saliendo por el sótano hacia dos lugares:

1-      Una salida a un cubo de vidrio sin salida.

2-      Una salida por la escalera por la que eran llevados los detenidos-desaparecidos a los “traslados”, a los vuelos de la muerte. Allí se encontraría un espacio vidriado, con los nombres de los detenidos-desaparecidos y con información sobre la actualidad del predio.

Respecto de esto, decimos:

1-      El mensaje final de este recorrido no puede ser NO HAY SALIDA o la salida es una DESAPARICIÓN.

2-      No queremos monumentos, no queremos memoriales, no queremos que se cristalicen los nombres de nuestros compañeros en un vidrio. Queremos relato de sus vidas, de sus luchas, de sus ideas.  

3-      El SIN SALIDA, también anula la supervivencia, la resistencia, la posibilidad de pensar que a pesar de todo lo que los genocidas intentaron quebrar, la solidaridad sigue existiendo, y el pueblo argentino sigue luchando por sus derechos hasta el día de hoy.
Imágenes y audios compartidos por : RNMA, ANRED, BTV y Cecilia Lapellegrina